El Club Knut

El Club Knut... Un anacronismo. El vestigio de un mundo desaparecido en el pozo de las transformaciones sociales. Una isla perdida en el espacio-tiempo de la Historia.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Personajes (II)


Vayamos con el matrimonio favorito de entre los miembros del Club:

Los García-Simancas y Jacquier son una familia modélica: amables, cultos, distinguidos, enamorados y con dos retoños —niña y niño por orden de nacimiento— dignos de figurar en algún cuadro como ángeles renacentistas.
Micaela Jacquier de la Cruz es el prototipo —en versión aún relativamente joven— de la madre de familia noble y virtuosa tradicional, guardiana de valores y esencias, pilar y cimiento de la familia, educada en la fe católica, apostólica y romana que practica semanalmente con más intuición que convencimiento.
Jorge García-Simancas es un páter familias igualmente educado en la fe que siente el deber de mantener y practicar para dar ejemplo de unión familiar, pero que desde su alocada juventud se dejó cautivar por el discurso de la perniciosa socialdemocracia librepensadora, sólo puesta en sordina por la cálida inflamación amorosa —casi intacta después de tres quinquenios largos— con que ya antes de pasar por el altar le hechizó la dueña de sus días.
Ambos forman un equipo sólido, monolítico, sin una mísera fisura de palabra, obra u omisión —siempre con el liderazgo materno, por supuesto— ante propios y extraños.



Pero ya se sabe que eso de mantener a los sucesores en su temprana época de aprendizaje pocas veces provoca entuertos que se puedan desfacer con soltura, por muchos recursos vitales que se posean. Y pondrán a prueba esa firmeza progenitora, juntos y por separado...

Se podrá comprobar en el relato titulado De cómo conciliar ciencia y religión (con la vida familiar).

domingo, 25 de noviembre de 2012

Reseña en El Correo


Con César Coca ya tuvo el autor el placer de presentar una novela (Las lágrimas de Eurídice) en el mismo lugar y circunstancias que ha ocurrido con Gentes del Club. Y tan agradable y satisfactoria fue la experiencia que en esta ocasión tan especial para el Club, ha querido repetirla.

Y César no sólo ha aceptado y cumplido con la caballerosidad que le caracteriza, sino que ha insertado en el periódico en el que desarrolla su labor periodística, El Correo, una reseña de Gentes del Club.

En este enlace de El Correo expone lo que le suscitó la lectura de los relatos que cuentan hechos y andanzas de algunos miembros de este Club. La reseña es entrañable e inspirada; pero a quien esto suscribe particularmente le llama la atención el siguiente pasaje:
(...) «Imaginen a los socios de esa institución contemplando lo que sucede fuera de las paredes de su edificio como si fuera una ficción y ellos en realidad no pasaran de ser espectadores de la misma. Eso permite juzgar todo, incluida la propia vida, con distancia y humor, y con la indiferencia de quien cree que todo lo malo no es sino argumento de la función y que cuando se apaguen las luces y termine la misma regresarán al calor y la comodidad de sus casas».
(...)


Muchas gracias, César.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Presentación en sociedad: la imagen


En treinta segundos, un vistazo general a la presentación en sociedad de Gentes del Club.


La presentación corrió a cargo del periodista y escritor César Coca, con gran afecto y oficio.

Y los responsables de Casa del Libro de Bilbao, como es habitual, se volcaron en gentileza y profesionalidad.

Al final, todos satisfechos.


lunes, 19 de noviembre de 2012

Presentación en sociedad


No se precisa invitación especial.

Los caballeros con la respetabilidad de siempre y las damas con la elegancia que les caracteriza.




sábado, 17 de noviembre de 2012

Primeros ecos en la red


Además del agradecimiento que quisiera reconocer a mis primeros seguidores, también es muy emotivo el hecho de dar publicidad a este proyecto con una celeridad máxima a dos blogs amigos y hermanos.


Carmen y amig@s ha conferido un toque de misterio sobre el contenido de Gentes del Club a través del booktrailer: ¡Bienvenid@s al Club Knut!
«¿Os gustaría conocer a los selectos miembros del Club?»


Los hombres de Jane Austen, por su parte, se hace eco tanto de las peculiaridades de este club como de la presentación del libro: GENTES DEL CLUB los excepcionales socios del Club Knut
«Estoy segura que a la mayoría les ha picado la curiosidad de vivir situaciones peculiares, audaces, extravagantes y jocosas sin dejar a un lado, por supuesto, esa elegancia y esa tendencia anglófila a la que estamos acostumbrados...Pues encontré el mejor lugar en donde se puede estar para tales ocasiones: El Club Knut

Es un honor y un orgullo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Empezamos con los personajes


A lo largo de la andadura de este blog iremos reseñando el carácter de algunos de los personajes más peculiares que pueblan este Club, no pocas veces complejo en extremo, y en otros casos completamente plano, pero siempre llamativo. Para ello utilizaremos algunos breves pasajes de los relatos en que se les pone en escena.

Empezaremos con uno de los casos más sencillos de exponer:
«James Algernon Corstorphine, noveno conde de Owndevizes, guapo, inteligente y rico es, además, uno de los socios que más lustre y cosmopolitismo confieren a nuestro Club. Recaló en la ciudad in illo tempore al tomar posesión de una de esas representaciones consulares vacías de contenido y llenas de prestigio social, y nadie pondría en duda —nadie, al menos, en el Foreign Office— que seguirá con nosotros por los siglos de los siglos. Con un temperamento feliz y un hogar agradable que comparte con Lady Woodhouse y sus variados retoños, parece reunir muchas de las mejores bendiciones de la vida. De hecho, lleva viviendo cerca de cuarenta y cinco años en este mundo sin nada apenas que le haya causado agitación o molestia alguna».


En el relato Al día siguiente ya no se puede se desvelarán las despreocupaciones recurrentes de nuestro representante en la Cámara de los Lores.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Club Knut... ¿Y qué demonios significa eso de "Knut"?

La palabra "knut" empezó a utilizarse hacia 1905 en el Reino Unido en sustitución del ya entonces anticuado "dandy", que había adquirido con el tiempo ciertas connotaciones peyorativas. Pero su vigencia fue muy corta; se empleó durante la llamada época eduardiana de aquel país.

El tipo está perfectamente caracterizado por los "zánganos" ("drones", en el original), nombre que P. G. Wodehouse les asignó en sus obras. El mundo de los knuts retratado por Wodehouse fue un mundo muy pequeño y se extinguió prematuramente. En palabras del propio autor:
Siempre fue un mundo pequeño: uno de los más pequeños que he conocido, como diría Bertie Wooster. En Londres estaba limitado al este por St. James Street, al oeste por Hyde Park Corner, por Oxford Street al norte y por Piccadilly al sur, con extensiones a distritos rurales por las casas de campo de Shropshire y otros deleitosos condados. Y ahora no sólo es ya pequeño, sino que ha dejado de existir.
Lo que convierte a los knuts wodehouseianos en figuras de un pasado muerto es que todos son simpáticos y joviales, amigos de todo el mundo. El knut eduardiano jamás fue un joven airado; se sentiría, quizás, algo mortificado si su mayordomo le viniera con quejas cada mañana, pero su actitud normal ante la vida era radiante. Era un tipo humilde y amable, que se sabía un asno pero esperaba que los demás no se lo tuvieran en cuenta; un tipo entrañable, que calentaba los corazones más pétreos. Ciertamente, se les podría reprochar que no fueran muy trabajadores, pero todos ellos estaban en condiciones de trabajar, si les apetecía hacerlo... pero ni que decir tiene que era francamente raro que les apeteciera, y preferían limitarse a vivir de las asignaciones familiares y existir en la belleza.

El devenir de la Historia provocó, con sus guerras mundiales, las crisis económicas y los impuestos sobre la renta y el patrimonio, el retroceso de la belleza y la pérdida de las asignaciones de esos simpáticos seres. Los  knuts, en consecuencia, parecieron haber arrojado la toalla y desaparecer de la gran escena del mundo. Ahora bien, a decir verdad, no podría decirse que éstos y su mundo desaparecieran por completo. Más bien evolucionaron, se transformaron. Así, ante la perspectiva de no obtener sus tres comidas diarias si no trabajaban para ganárselas, se apresuraron a replegarse y buscar trabajo; el resultado es que estos corazones jóvenes se transformaron en hombres formales dedicados a actividades lucrativas que enarcarían fríamente las cejas si les sugirieran robar un casco de policía en alguna carrera nocturna de embarcaciones.

Sí, los knuts aún existen en nuestro tiempo, pero no dejan de ser un anacronismo. Ya bien entrados en el siglo XXI, en estos tiempos en los que todo el mundo odia al resto del mundo, cualquiera que no desprecie a algo o a todo es un anacronismo. Una isla perdida en el tiempo.

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